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03 septiembre 2014

Cuando los hijos vuelan


Como el inicio del curso escolar está a la vuelta de la esquina, se me ha ocurrido escribir una vez más sobre padres e hijos. La inexperiencia  logra que a veces digamos cosas, que años más tarde  la madurez conseguirá que afirmemos lo contrario.

Hubo un tiempo en el que creía  que  la responsabilidad de los caminos que toma cada hijo, correspondía a la educación que los padres le habían inculcado . Hoy tengo la certeza de que esa creencia es errónea en su aplicación general. Hijos que han recibido las mismas enseñanzas, el mismo cariño, las mismas oportunidades,  y un día caes en la cuenta de que  el compromiso que han adquirido para vivir su vida, dista de lo esperado, llegando a veces hasta la misma decepción.

Inevitablemente surge entonces una pregunta : "¿Para qué los has educado? ¿Para que salgan como has querido o para que puedan ejercer con responsabilidad su libertad?"

Cinco hijos, - que son los que mi esposa y yo tenemos-, nos sirve para  avalar que dentro de la unidad se encuentra la diversidad  mas inesperada. Una personalidad distinta en cada uno, donde no comparten , los mismos gustos, las mismas aficiones, ni siquiera los mismos puntos de vista y eso que todos han mamado la misma leche, la misma formación, y han obtenido el mismo cariño

Todo ello me hace pensar en que cada uno es irrepetible, no existen clones. Cada uno con un alma libre ,que responde de forma diferente.

He oído muchas veces (incluyéndonos a nosotros) : "¿Qué hemos hecho mal, en qué nos hemos equivocado?"  Con la impresión de haber ejercido erróneamente nuestra paternidad. 

Las decisiones son personales. La libertad es dada individualmente y cada uno elige, sabiendo a lo que se renuncia.  Pero es el concepto de libertad el que a menudo difiere entre padres e hijos.

Una es la labor de los progenitores : Desde el cariño, enseñarles el camino de la felicidad, que pasa, ineludiblemente en educarles en la libertad, concebida como la entendió Baltasar Gracián: "La verdadera libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer."

Los hijos, son seres independientes a nosotros, pero nuestro deber es encauzarles en el camino recto. Todo lo que hagamos por ellos, sin duda, deja poso, por eso, primordialmente y bajo esa crucial responsabilidad, hemos de empezar a educarnos a nosotros mismos. Los padres hacemos todo lo que podemos, lo damos todo, los preparamos para el mundo, pero a veces se nos olvida la libertad de elección que Dios nos da. Y tampoco hay que perder de vista  que “el diablo acecha, como león rugiente, buscando a quien devorar” (1Pe. 5, 8-9)

No es tan fácil como lo presento. Hay muchos dramas en familias donde los  hijos acaban  ignorando las enseñanzas de sus padres. Muchas veces la inexperiencia de la que hablaba al principio, juega malas pasadas y hace que muchas decisiones se tomen de forma errónea. Yo no tengo ninguna duda  de  que el tiempo pone todo en su lugar. Que los hijos tarde o temprano  descubren  los cimientos que sus padres han puesto en su vida y por eso siempre saben que pueden acudir a ellos. 

Como padre deseo aprender a respetar la libertad de mis hijos, deseo enseñarles a respetar la nuestra. Confiarlos a la Madre de todos es lo mejor que se puede hacer. María no dejará que se pierdan si  los ponemos en sus manos . Eduardo Verastégui (que valientemente testimonia su fe), dice que su mamá rezó mucho por él asegurando que fue eso lo que le hizo recuperar la fe.

Si damos a nuestros hijos lo mejor que tenemos, es posible que luego ellos sigan otro camino, pero siempre les quedará lo que les has entregado como lo mejor. 

01 septiembre 2014

Líbranos del Pesimismo


Muchos, prefieren el final de un año y comienzos del siguiente, para renovar propósitos. A mí, me gusta hacerlo, al inicio de un nuevo curso. Se supone, que el período vacacional, nos ha permitido asentar todo aquello que estaba agitado. Las cosas se ven desde la perspectiva de la serenidad, el descanso, las fuerzas recobradas…

Esta vez no he podido disfrutar de unas “vacaciones soñadas”, me ha tocado vivir otra experiencia no planificada. Se complicó mi enfermedad y tuve que ser de nuevo hospitalizado y pasar por cuarta vez por otra intervención. A estas alturas solo puedo expresar un sentimiento : ¡Gratitud!... No voy a explayarme en ella. Tal vez en otra ocasión.

Pretendo con este post , alentar a todos los que empiezan  el nuevo curso. Capto a menudo, que en lugar de haber descansado y recuperado energías, algunos vuelven peor de lo que estaban antes de partir, y retoman su actividad en una negatividad contagiosa y desalentadora, viendo fantasmas que aún no han aparecido.   

Basta mirar las portadas que han ocupado estos meses las noticias de los informativos, para darse cuenta de que aún nos encontramos entre los afortunados de muchísimas cosas. Repito : ¡Hay muchas cosas en nuestra vida diaria para sentirnos favorecidos!... Empezar un nuevo curso escolar, retomar el trabajo que no nos ha faltado hasta ahora, reencontrarnos con la gente querida…, tantos momentos y tanto recibido en ellos  que la rutina nos veta el acceso para valorarlos.

Se propuso hace unas semanas una campaña para recaudar fondos para concienciar sobre una enfermedad, invitando a  verter sobre sí,  un cubo de agua helada. -Un día de estos, escribiré sobre  lo que opino de estas “formas de solidaridad”-.  Pues bien, yo os invito a tiraros encima, un gran  barreño de entusiasmo. Que nuestro criterio no sean los éxitos o fracasos de años pasados, sino la confianza en la Providencia Divina y el cumplimiento de Su voluntad.

Como dejó escrito Charles de Foucauld en su biografía : “Al creyente debe bastarle saber que Dios no es ajeno a nada de lo que le sucede”

Líbranos, Señor, del pesimismo que no permite ver tu acción en la historia y también del optimismo ilusorio que no está arraigado en la verdadera esperanza, para que todo cuanto emprendamos en este curso busque tan sólo la venida de tu reino.

Líbranos también, del miedo a los lobos que acechan a tu Iglesia, de tantos miedos que nos paralizan y que a veces nos hacen desertar. Fortalece nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. 

¡Feliz nuevo curso!

28 junio 2014

23 junio 2014

A los que decepciono


Todos tenemos la experiencia de leer un texto donde, sin esperarlo, aparece una frase que nos sacude fuertemente, e inmediatamente nuestros pensamientos empiezan a girar en torno a ella. A veces de manera acusatoria y otras de forma alentadora. Ayer me topé con una de esas que no cesó de acecharme durante un buen rato, hasta derivar en este post. 

“Si nunca esperas nada de nadie nunca te decepcionarás.” Pertenece a  la escritora Sylvia Plath. Como toda afirmación, tiene sus matices, opiniones y excepciones, para cada  receptor . Manifiesto plenamente mi acuerdo con ella.

Y es que me doy cuenta, de que frecuentemente expresamos nuestra decepción. Me gusta la definición que Wikipedia hace sobre ella : “La decepción es un sentimiento de insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un deseo o una persona. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena”

Y entre las ideas que vuelan alrededor de ella, percibo  que abre las puertas al “ego” del que la sufre. ¿No es verdad que en el fondo de nuestras expectativas, hemos pensado en nuestra forma de concebir las cosas , en la manera de vivirlas?.. ¿No corresponde a nuestra realidad , que toda la empatía manifestada hacia el otro ,sea una búsqueda de acomodo a mis circunstancias?...

Llevo tiempo descubriendo otra realidad, emparentada con la decepción y que practicamos  de forma sutil, casi imperceptible. Me estoy refiriendo a la corrección fraterna, a la “critica” que alguien querido, nos hace sobre algún aspecto de nuestra vida. Confesamos con orgullo, que aceptamos la amonestación, la censura, la reprensión, y se nos llena la boca, suplicando a quien nos conoce y nos quiere de verdad, que por favor nos indique aquello que no hacemos bien.

Llega la corrección, el desacuerdo en algunas cosas de nuestra actuación, o tal vez no llega la palabra esperada, el gesto solidario, envuelto en silencio aparentemente  respetuoso, y buscamos rápidamente en nuestra biblioteca , el libro titulado “decepción”, para abrirlo y poner en práctica sus consejos. Una vez más, debo entonar el mea culpa, examinando mi actuar. Tristemente, verifico que también yo, entro en el número de los que  así obran. 

¿Y como reaccionamos ante la decepción? … La primera que se me ocurre, es la imperiosa necesidad de que los otros se enteren, de que conozcan  que me han herido. En la sociedad de avances tecnológicos, en la que vivimos, tenemos muchos aliados para difundir nuestro pesar. Cogemos el teléfono, acudimos al correo electrónico, usamos nuestras páginas webs, nuestras redes sociales, nuestros whatssap y venga… ¡a proclamar fuertemente nuestro desencanto! Vistas las cosas desde la distancia y  la reflexión, no puedo evitar pensar que nos parecemos mucho a los niños pequeños, cuando tienen su rabieta. Quieren que todos se enteren de que están dolidos, cuando sus expectativas se han venido abajo. Y de la misma  forma que ellos reaccionan , ponemos en práctica nuestra "revancha". Empieza la queja, la murmuración, el bloqueo en las redes sociales, la eliminación de la webs de nuestros favoritos, y la manifestación infantil del "ya no te ajunto".

Llego a la conclusión, de que la decepción no solo abre la puerta al egoísmo, sino que reclama fuertemente, que entremos por ella, donde la siguiente estancia que nos encontraremos, será la de la soberbia. Vuelve a gustarme la definición que la Wikipedia hace de ella : “Sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás”.

Siempre he manifestado que la parte de la pasión de Cristo que más me impresiona es la de Getsemaní. Porque la muerte en cruz, corresponde , a la consumación de una  aceptación, en cambio en el huerto de los Olivos, estuvo presente la lucha violenta  para dar respuesta afirmativa a una Voluntad. Un combate contra numerosos enemigos que tentaron al mismo Jesús: La batalla contra el desaliento , la decepción, la incomprensión, la soledad, el silencio, el abandono, la inutilidad, el orgullo, la soberbia…

La mayoría de las veces miramos las cosas con ojos humanos, así pues, con esta visión ¿No sería el hombre la gran decepción de Dios?... Parece ser que no. Y entiendo el porqué. Dios es amor dice la Biblia. El amor no espera nada, lo da todo . Aquellos  que lo creemos firmemente lo sabemos y lo hemos experimentado. 

¿Decepciones?..., Paseémonos por Getsemaní y  el Gólgota , allí encontraremos respuestas.

16 junio 2014

¡Me pongo de los nervios!


No sé a vosotros, pero a mí me han dicho muchas veces que debo aprender a perdonarme a mí mismo, a aceptarme como soy; eso implica tomar conciencia de que soy vulnerable, darme cuenta de mi imperfección. Y las deficiencias , en la sociedad que estamos inmersos, son cada día menos aceptables. No digo nada  si la exigencia es a nivel físico… Estamos en un mundo que demanda cada vez más, la perfección en todas las esferas de su personalidad.

Pero voy a quedarme con esa  obstinación,  en la que que podemos caer,  esperando de nosotros mismos un estándar demasiado alto, que no solicitamos a ninguna otra persona. Como dice el refrán : “Consejo vendo y para mí no tengo”.

Para nosotros los creyentes, a veces es fácil perder de vista que la santidad consiste en vivir las virtudes de una forma heroica; esto se traduce en  que ha tenido lugar una gran batalla,  intentando vencer aquellos defectos, fallos, pasiones, y deseos que llaman a nuestra puerta.

Me gusta mencionar a los santos. La Iglesia los presenta como modelos a imitar, no solo en su bondad y buenas obras, sino de forma especial, en su lucha contra sus imperfecciones. Así se conoce por ejemplo, que San Francisco de Sales  tenía un carácter muy inclinado a la ira. Él mismo confiesa que pasó muchos años intentando dominar su mal genio.

Después de una ocasión en la que tuvo que reprender a un joven que maltrataba a su madre, dijo: “He temido perder en un cuarto de hora la poca dulzura que he trabajado en conseguir desde hace 22 años gota a gota, como el rocío en el vaso de mi pobre corazón... a la manera que una abeja tarda varios meses en hacer un poco de miel que un hombre consume en un bocado.”

¡Ay el enojo!… parece que el siglo XXI, nos trae una buena dosis. Nos alteramos a veces por nimiedades. No soportamos una palabra en contra. Las correcciones nos cuestan y enseguida sacamos la excusa y la protesta.Y los gritos parecen que participan en un concurso de records Guiness, a ver quien vocifera más fuerte.

Yo no sé vosotros, pero yo…, me siento necesitado de dosis de autodominio, mansedumbre y serenidad. Me irrito fácilmente, aunque reconozco que los años con las experiencias vividas, van colocando poco a poco cada cosa en su sitio, valorando los sucesos en su justa medida. La práctica de pedir perdón, ayuda mucho a vencer a tan tenaz enemigo.

Encontré hace pocos días una oración , para ayudarnos a vivir esos momentos de calma, que tantas situaciones diarias nos reclama. Sí, tenemos que reconocernos vulnerables, tenemos que experimentar que sólo puede dominarse a sí mismo, aquél que admite su flaqueza y está dispuesto a doblegar la voluntad. Aceptémonos como Dios nos acepta y pidamos aquello, que no logramos conseguir. Como escribió San Agustín : "Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas".

Señor a veces tengo ganas de estallar
me puede el enfado y la irritación
me hace querer dar un grito
o dos
a veces es enfado con el mundo
o conmigo mismo
y bastante a menudo también con otros
porque las relaciones no son fáciles
ni los puntos de vista coinciden siempre.

¿Y qué quieres que te diga?
Yo tampoco soy la persona
más templada del mundo
y como todos,
a veces tengo mis días buenos
y mis días malos
y momentos en que no puedo más
como ahora.

Así que con enfado y todo
aquí me tienes
a ver si Tu pones un poco de sosiego
de perspectiva
o de humor
que falta me hace.

María Madre de la paz
hoy necesito especialmente
que me ayudes a encontrar calma

09 junio 2014

Advertencias para el camino


Cuando tomé la resolución de profundizar en la fe que profeso, y decidí empezar a caminar en su senda, me costaba creer las advertencias que algunos me hicieron, hablándome de los muchos obstáculos y caídas que me encontraría en la senda emprendida. Inicié el camino, con la energía de quien descubre de verdad a Dios en su vida, ese encuentro, que hizo cambiar todo el rumbo de mis acciones cotidianas. La decisión más importante jamás tomada por mí y que transformaría por completo todo mi ser.

Me advirtieron también que el trayecto sería largo y que debía proveerme de lo necesario para recorrerlo. Me asesoraron bien , pero yo  me dejé llevar por la creencia de mis propias fuerzas, confié en  el ardor y consuelo interior que suelen experimentar en sus primeros momentos aquellos que descubren a Dios. Me dejé llevar por la autosuficiencia y voluntarismo, ignorando que todo había sido un don recibido. Y consumí sin calcular distancias, todos los víveres de los que me aprovisioné . No supe repostar en las paradas que debí hacer cuando el cansancio me invadía,  llegó el momento de darse cuenta , que el ímpetu del principio se debilitaba , las fuerzas flaqueaban , la senda empezaba a ser rutinaria y tediosa, a veces con trayectos muy pedregosos. Los días oscuros dominaban a los luminosos , el temor y el desaliento  acosaban continuamente  el ardor que se me concedió.

Llegó la hora de la realidad, caer en la cuenta de que me fueron advertidas las dificultades del camino.  Sin alimento, sin reflexión, sin paradas para beber y  saciar la sed, sin examinar la ruta, sin orientaciones y  sintiendo soledad, era difícil continuar. Se acabaron los consuelos, aparecieron las desolaciones, el miedo a estar equivocado y el peso de la duda. La fe de verdad, empezaba a ser probada. El momento de creer, sin ver ni sentir. El instante de percibir y valorar, uno de los regalos más grandes que Dios nos ha concedido. Era el tiempo de la madurez espiritual.

Así es la fe, la que muchos no entienden, no soportan y abandonan . La que va a contra corriente, la que te aleja de los incrédulos, la que te causa problemas en el trabajo, en el barrio, en el colegio, incluso en la familia. Es la fe, la que en ocasiones, te asalta con dudas y preguntas. Por ella, el creyente es incomprendido, criticado, perseguido, ridiculizado. Pero… “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe”. 1Jn.5,4.

Siempre me produce una gran alegría y consuelo, las palabras que Jesús dirigió a Santo Tomás: “Porque me has visto has creído, dichosos los que creerán sin haber visto” (Jn.19, 20-31). En esas palabras nos tuvo presentes, a todos los que un día de forma consciente le dirían: “Sí Creo"

¡Fe! Una humilde palabra de dos letras, para algo tan grande. Empieza entonces todo. Encontrarse con el Amor, saber que está, que siempre nos acompañará. Él guiará todo nuestro obrar. Sentiremos el impulso de abrir de par en par nuestras puertas, para que ocupe por completo nuestra casa. Los temores irán desapareciendo, el gozo ocupará cada vez más espacio, y la oscuridad no logrará apagar la luz  que un día se nos entregó. Tenemos que pedir cada día al Señor, que seamos almas de Fe. Cómo dijo San Pablo : "Llevamos un tesoro en vasijas de barro" (2 Corintios 4:7)

En el momento de la Consagración, cuando el sacerdote eleva ya el Cuerpo y la Sangre de Cristo,  tras un acto de adoración, es cuando yo le digo a Jesús: “Señor aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad”. Es el momento en que me anuncia Su presencia. Pronto entrará en mi ser. Es la primera petición que necesito hacerle:" Señor dame fe". Que sepamos pedirla unos por otros, de forma especial, por aquellos que aún no la tienen.

"El hombre que tiene fe ha de estar preparado, no sólo a ser mártir, sino a ser un loco".( Chesterton)

05 junio 2014

Me detengo un momento para pensar...


Vivir es vibrar a cada instante, ante la emoción de percibir la maravilla de la creación que nos rodea.

Es entender que cada minuto que transcurre no volverá.

Es atraparlo intensamente, porque forma parte del tiempo, que sabemos ha quedado en el ayer.

Vivir es saber dar lo mejor de nosotros, vibrar en la bondad y llevar a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir es aprender más cada día, es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros un ser mejor que ayer, un ser que justifica su existir.

Es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado.

Vivir es, perdonar sin réplica una ofensa, aspirar la presencia del otro,  besar con pasión a quien nos ama.

Es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.

Vivir es comprender al amigo ante la adversidad , aunque se tenga mil argumentos para contradecirlo o justificarlo,finalmente sólo escucharlo, es tener la capacidad de regocijarme ante sus triunfos y su realización.

Es sentir que nuestro existir no fue en vano y en la medida en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros
en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.

Vivir es permanecer en paz ante la presencia de Dios, contemplando en silencio la inmensidad de su Ser.

Es vibrar y sentir, amar y gozar, observar y superar,  dar y aceptar,  ser y permanecer, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

02 junio 2014

Olvidando


Que fácil, hermoso y sencillo resulta leer el evangelio. ¿No hemos encontrado consuelo cuando nos detenemos a releer lo que tantas veces hemos reflexionado? ¿De verdad, existe alguien que cuando busca aliento o luz en lo que allí se nos narra, se vaya como entró? Me gusta creer, que aún en las noches más oscuras que el alma pueda atravesar, las palabras de Jesús traen esas chispas que aparecen en las tinieblas.

Conté una vez en este blog,  la impresión que me produjo contemplar por primera vez ,el espectáculo que ofrecen las luciérnagas. Es una belleza. En más de una ocasión me viene esa imagen,  mostrándome  que Dios aparece así en nuestras oscuridades; con pequeñas lucecitas a nuestro alrededor, las suficientes para sentir que la penumbra no nos envuelve. Que esa luminiscencia  es suficiente para seguir avanzando.

A menudo me pregunto: "¿Pero por qué lo hago todo tan complicado? " Basta poner en práctica lo que Jesús nos dice. Y nada, erre que erre, con saltarme los consejos,… así me va muchas veces. Solo encuentro explicación a tan gran tozudez, en la certeza de que la huella del pecado ha dejado a nuestra alma, herida y debilitada. El poder del mal, se empeña en arrebatárnosla, para destruir la obra de Dios; porque a veces, hasta nos creemos que el diablo está interesado en nosotros, que le encantamos vaya. ¡Le importamos un pepino! A él no le interesa nadie, es el odio personificado, y su único fin es desbaratar la creación más grande y hermosa de Dios : ¡El hombre!, ¡Cada uno de nosotros!

Hoy me viene en ganas, reflexionar sobre un compañero que el maligno nos propone como acompañante, cuando el perdón insiste en salir. Como todo lo que presenta el padre de la mentira, resulta ser fraudulento, hay que estar alerta y reconocer al falso amigo . Si se presenta a vosotros , sabed que se llama : Rencor.

Es frecuente oír en en el tiempo presente , aquello de: “perdono pero no olvido”; pues lo siento mucho, yo no entiendo el perdón de esa forma, ni creo que Jesús en el momento de su crucifixión, perdonando a los que le mataban, pensara ni por asomo, en un acto de resentimiento. Todo lo contrario, cada palabra en la cruz fue de amor, confianza y perdón.Todo otorgado en el culmen del dolor.

Pero a veces podemos caer en el error, de pensar que esa aversión que se queda estancada en el alma, se produce ante agravios profundos. No, no, queridos amigos, seamos sinceros, ¿Quién no retiene esa palabra dicha que tanto nos ha dolido? ¿Quién no guarda en su archivo personal, esa acción que el otro ha realizado tal vez sin intención de dañar?... “Es que lo que me has dicho""Es que lo que piensas de mi""Es que ¿cómo te atreves a juzgarme así?"... Demasiados planteamientos ante la ofensa recibida.

Perdonar es un acto heroico, devolviendo  amor, ante la punzada que nos asestan. Soy de los que creen, que es mucho más difícil ofrecer pedón  que pedirlo.

En el momento de la historia en que nos toca vivir, donde el hombre vive alejado de Dios, la palabra perdón, adquiere una connotación de humillación y debilidad, que la sociedad de hoy no permite. No dudemos de que perdonar, es uno de los actos de amor que más almas han llevado a Dios. Muchas personas han cambiado radicalmente, ante la generosidad y heroicidad magnánima de olvidar las ofensas. El  perdón debe ser total, sin ningún resquicio de rencor, sin analizar las circunstancias, sin medir la aflicción en que puedan habernos sumergido.

"Alto, alto... ¡qué fácil lo ves tú! " podrá reprocharme alguno. Pues no,  por propia experiencia, sé que no es fácil ,  que a veces, resulta muy muy difícil, pero no imposible...

Creamos de verdad, que Dios no pide nada superior a nuestras fuerzas. La cruz no gusta a nadie, (ni a Jesús le atrajo), pero allí nació el poder de condonar la ofensa recibida. Desde el crucificado , se puede hablar de perdón. Nos enseñó cómo hacerlo: con los brazos extendidos, las manos y pies clavados a un madero y un corazón amoroso traspasado por una lanza.

No olvidemos que  cada día nos dirigimos al Padre con la misma súplica: "Perdónanos como nosotros perdonamos". Que esas palabras siempre sean elevadas a Dios con un corazón sincero. ¡Intentémoslo!

31 mayo 2014

Cine - Próximo estreno



Sé que muchos de vosotros, habéis leído el libro " El cielo es real" . La historia de un niño de 4 años, que visitó el cielo. Libro que se convirtió en todo un best seller mundial, y que aconsejo a quien aún  lo desconozca. El libro se lee casi de un tirón, y gustará porque no está escrito con intención de persuadir, sino que simplemente se da testimonio de una experiencia única. Hay pasajes muy, muy emotivos.



Pues el 19 de junio llega a las pantallas españolas, la película con el mismo título.En EEUU, su estreno fue todo un éxito   El cielo es real adapta en la gran pantalla una historia que ha conmovido a millones de personas en todo el mundo – la extraordinaria experiencia vivida por un niño que transformó su vida, y el esfuerzo de un padre por hallar el valor y la convicción suficientes para compartir el descubrimiento de su hijo con el mundo.


El actor Greg Kinnear  encarna a Todd Burpo, un pequeño empresario, bombero voluntario, pastor, y padre de familia que intenta llegar a fin de mes en lo que ha sido un año duro. Tras tener que someterse Colton , el inteligente hijo menor de la familia, a una cirugía de emergencia en el hospital, sus padres, Todd y Sonja  están locos de contentos por el milagro de su recuperación. Pero no están preparados para lo que ocurre a continuación -- Colton empieza a hablarles con total naturalidad y seguridad sobre su asombroso viaje de ida y vuelta al cielo. Cuando Colton inocentemente le cuenta a sus padres detalles de cosas que es imposible que pueda saber, Todd se topa con un muro de misterios y dudas hasta que lo derrumba y halla esperanza, el asombro, y la fuerza del propósito.


El film coescrito y dirigido por Randall Wallace -el guionista de la oscarizada Braveheart- tiene el mérito de plantear, tomándosela muy en serio, la premisa del título: el cielo, un lugar de felicidad eterna con Dios, después de esta vida, sería algo real, auténtico, no una fantasía que se utiliza a modo de consuelo en momentos de dolor, sin más valor. Para ello toma el best-seller escrito por el propio Todd Burpo, y afronta el desafío de convertirlo en película. Tarea complicada, pues el libro original tiene la frescura del testimonio escrito en primera persona, y ahí sobresalía la viveza con que se contaban las dudas en el momento en que Colton está a punto de morir, y la inocencia infantil de niño que va desvelando poco a poco su experiencia, nunca intentando hacerse el importante o el interesante.


En cine Wallace resuelve de modo desigual, porque no quiere cargar la mano en los momentos de angustia, quizá pensando que a los espectadores no les gusta ir al cine a sufrir. Y porque se empeña en buscar y crear conflictos argumentalmente interesantes, lo que le hace perderse en cuestiones colaterales, como el incendio al que acude Todd, bombero voluntario. También tiene dificultades en las escenas celestiales, el riesgo de lo empalagoso y cursi está ahí, y le toca moverse en el filo de la navaja, no siempre exitosamente.


En cualquier caso, El cielo es real sabe incidir, además de en la cuestión sobrenatural y en el sentido del dolor, la cruz, en la idea de presentar una familia normal, a la que le cuesta llegar a final de mes, con padres e hijos que se quieren, con buenos amigos. Y que son buenas personas, pero no siempre actúan del mejor modo posible. El niño, Connor Corum, demuestra naturalidad ante la cámara, aunque quien sobresale especialmente es Greg Kinnear, sobre todo en las escenas en que trata de sonsacar a su hijo con cierta habilidad, para que el pequeño no se sienta coaccionado o impelido a inventar "cosas bonitas". En cambio Kelly Reilly, que da vida a la esposa, pese a su agradable presencia física, resulta más bien "sosita". (Fuente: decine21.com)


Año: 2014
País: EE.UU.
Duración : 99 m.
Dirección: Randall Wallace
Intérpretes: Greg Kinnear, Kelly Reilly, Thomas Haden Church, Connor Corum, Lane Styles, Margo Martindale, Jacob Vargas, Thanya Romero
Música: Nick Glennie-Smith
Fotografía: Dean Semler

29 mayo 2014

Sí, gracias


¿No hemos sido  asaltados alguna vez, por el temor de pedir ayuda a los demás? ¿No nos ha producido una sensación de apocamiento,  tener que llamar a las puertas de otros? ¿Nos atrevemos a reconocernos necesitados, o somos de los que osan proclamar de forma altiva, que “no necesito nada ni a nadie”

¿Sabemos realmente pedir, cuando lo requerimos de verdad? En una sociedad materialista como la nuestra, ahogada en el apego a tantas cosas innecesarias, y que tan fácilmente nos contagia, nos encontramos que  ha olvidado el significado de algunas palabras : Amor, amistad, tiempo, solidaridad, comprensión, dedicación, misericordia…

Recibir algo de los demás, puede ser interpretado por algunos, como un acto de bajeza, donde la soberbia quiere imponerse. Decir: “te necesito” supone admitir  nuestra fragilidad ; aceptar que ya no se encuentra la salida, que ya no se puede más con la carga, que no se tiene nada, para seguir adelante.

¡Qué poco caemos  en  nuestras carencias , en la premura de ser ayudados en alguna ocasión! Una palabra de aliento, una corrección fraterna, un movimiento de cercanía, una expresión de cariño, un llanto solidario…; No tengo duda, de que la lista se engrosaría fácilmente, si  anotásemos lo que cada uno anhela.

Si no dejamos a los demás, que se ocupen de nosotros, de nuestras penurias y soledades, estamos impidiéndoles que puedan ejercer la generosidad; que puedan sentir, uno de los mayores gozos, que el hombre puede experimentar: ¡DAR!

Los que nos quieren y aprecian ,ven más allá de nosotros mismos, mostrándonos lagunas en nuestra vida, que a menudo nos pasan desapercibidas. Traen luz a nuestros momentos de oscuridad.

Nos dice Jesús: “Dad y se os dará”. Fijémonos bien; es un intercambio de ida y vuelta. Pensemos un poco en las ocasiones, que generosamente se nos ha brindado la ayuda. Da la impresión de que el  “no gracias”, se repite muchas más veces que el “sí”, sin caer en la cuenta de que aceptar la oferta , puede aportar una gran beneficio a quien nos regala su magnificencia.

La generosidad es fruto de la caridad, y quien quiera vivir en ella, debe ejercitarla. Dar y recibir se llevan siempre de la mano. Humildad para dar y humildad para recibir. Las dos son portadoras de benevolencia. En las dos, la misma alabanza a Dios. Cuando experimentamos el gozo de dar, y cuando reconocemos la necesidad de pedir y lo hacemos.

¿Y Dios?... El primero al que hay que acudir, al primero que debemos manifestarle nuestra miseria, nuestro dolor o nuestra pérdida de rumbo . Sin Él,  muchos ya hemos experimentado  que todo nos falta.

Ese "¡Te necesito!", se lo gritamos a Nuestro Señor, desde el fondo de nuestra alma, casi a diario, tal vez haya tardado en mostrarse, tal vez no entendamos a veces sus caminos, pero hemos comprobado en otras ocasiones, que jamás nos ha dejado, que a veces la ayuda se manifiesta de la forma más inesperada.

No debe humillarnos pedir ayuda, sabemos de sobra lo poca cosa que somos. Nuestra fe, se asemeja a   la cuerda por la que nos toca caminar,  tensa y delgada , como hacen los malabaristas para atravesarla en sus actuaciones . Cristo es la barra que agarramos para equilibrarnos y no caer . Una linea horizontal,  y debajo otra vertical ,  forman la cruz... Y si el palo, se nos escapa de las manos, no tengamos reparo en pedirlo  a quien pueda devolvérnoslo, para seguir avanzando. 

"Dios cosas imposibles no manda, pero, cuando manda, te exhorta a hacer lo que puedes y a pedir lo que no puedes, y entonces te ayuda para que lo puedas". (San Alfonso María de Ligorio)