24 abril 2014

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Frágiles portadores de la Luz


“Señor, Tú lo sabes todo tú sabes que te amo”( Jn 21,15-19). Estas palabras de San Pedro ,surgen de mi corazón y de mi boca, en muchas ocasiones a lo largo de mis jornadas; experimentando en ellas un gran consuelo y aliento.

Ya he escuchado más de una vez el temor y la tentación que asalta a algunos, hasta llegar al escrúpulo paralizante. Creen que están cayendo en la vanidad, a la hora de evangelizar, cuando alguien alaba su trabajo. Piensan que el fin último que les mueve, no es el amor de Dios, sino un lucimiento personal. A estas alturas me atrevo a decir: "¡Cómo nos engaña el diablo!" ¿Hay vida espiritual, sin batallas? …

Cuando yo reconozco y ofrezco mi halago a otros, lo hago con el corazón; apreciando, valorando y agradeciendo lo bueno que el otro me ofrece. ¿Callaré para que no caiga en la vanidad? ¿No sabré reconocerle sus esfuerzos, trabajos, sacrificios, renuncias y entregas? Creo firmemente que hay que hacerlo, que la caridad cristiana obliga a ello, ejerciendo a su vez la moderación y sencillez. Estoy convencido que nuestros primeros hermanos en la fe, luchaban por tener ese trato unos con otros. Los escritos de historiadores muchas veces no cristianos elogiando el amor entre ellos , no surgen de un atributo poético, sino de un testimonio que era patente y que llamaba la atención.

Me gustó una anécdota que me contaron, donde un sacerdote ante la adulación de una feligresa sobre su predicación, le contestó: “Es usted la segunda que me lo ha dicho; el primero ha sido el demonio”.

Todo viene de Dios, cualquier pensamiento que se transforma en una obra buena ha sido inspirado por El Espíritu Santo, el bien sólo procede de Él. Nosotros, de forma libre y voluntaria dejamos que ese bien entre y crezca en nuestra alma.

Por mucho que puedan alabarme los demás, es el Señor quien de verdad penetra todo mi ser, “Tú me sondeas y me conoces”, dice el salmo 138. Me engañaría e impediría que mi alma creciera si me atribuyera algo que no me pertenece.

Sí, es verdad ,hablo de Dios. Mi vida no tiene sentido sin Él, no puedo callarlo ni ocultarlo, pero la batalla no es fácil y alguna la pierdo estrepitosamente cuando arrincono a la verdad.  El deseo de desearle que escribía en un post anterior es una necesidad, ¿Y sabes por qué?...

Porque  muchas veces, me cuesta horrores hacer oración, aunque la deseo ardientemente; porque no logro rezar el rosario cada día, aunque no ceso de decirle a María que la quiero ,cada vez que en mi casa me encuentro con una imagen suya; porque no todos los días  asisto  a misa, dejándome vencer por la pereza y las excusas. Porque a menudo falto a la caridad entre los más cercanos, desde mi familia, hasta los que se relacionan conmigo; no siempre me alegro del gozo de los demás; no siempre sé sacrificarme por el prójimo, y tengo que hacerme violencia para intentar ver a Jesús en todos. Con eso y otras cosas más de las que no me orgullezco, soy capaz de decirle con total confianza al Señor: “Tú lo sabes todo, tu sabes que te amo” una y otra vez, … una y otra vez.

No tengo miedo a los elogios, movidos a menudo por los buenos deseos  y comprensible entusiasmo que nos puede dirigir una persona . Me hacen estar en alerta continua, para reconducirlos a Quien se los merece. Me toca orientar el espejo hacia arriba, para que los rayos de la adulación se dirijan al Autor de todo bien.

No busquemos la alabanza, ¡no nos pertenece! No nos turbemos ante ella, podemos utilizarla como una aliada que logra interpelar a otros, sobre el origen del bien realizado. Y en ella, podemos glorificar al Señor, como María lo hizo en el Magnificat. Sólo somos frágiles  portadores de la Luz.

Se trata también de una vocación y a la vocación hay que responder con una virtud:  la fidelidad. Con halago o sin reconocimiento

22 abril 2014

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Algo pequeñito


Recurrir a textos externos, no siempre va asociado a la falta de ideas o inspiración, a la hora de escribir un post. En mi caso, soy muy aficionado a guardar frases, textos e imágenes que un día pueden serme útiles. Lo que sucede, es que también soy de los que piensan que si algo me ayuda, debo compartirlo con los demás.

Hay tanta información en la red, que podemos caer en la saturación y dejar pasar cosas muy buenas. Por eso he pensado que tras las vacaciones de Semana Santa, sería una ocasión propicia para recordar unas palabras del papa Francisco, muy actuales para llevarlas a la práctica. Así que os dejo con ellas.

"Lo ordinario es lo más común, lo regular, lo que sucede habitualmente. Así es y así discurre la mayor parte del tiempo de nuestra vida, en ese rutinario y monótono día a día, que a veces hasta se nos hace mecánico y del que tantas veces sentimos la tentación de huir y escapar.

En cambio, así de habitual, regular y común es también la acción de Dios en nuestra vida.

Piensa que tu día a día es también el día a día de Dios, que tu vida ordinaria es también la vida ordinaria de Dios. Porque es ahí donde Dios se te da, y es de esa manera, tan común y tan simple en sus formas, como Dios te va dando a conocer su voluntad.

Una llamada inesperada, un imprevisto, una conversación, el madrugón para ir al trabajo, el atasco correspondiente o el autobús que se me escapa, ese que se cuela en la cola del cajero cuando más prisa tengo, son ocasiones preciosas para un ofrecimiento o un momento de oración, un acto de amor o de acción de gracias, un acto de fe en Dios, una pequeña renuncia o mortificación.

Tendemos naturalmente a buscar esa irresistible fascinación de lo espectacular y aparatoso, de lo extraordinario y fuera de lo común, haciendo del milagro o de la lotería casi un ideal. Nada más ajeno al estilo del Evangelio.

Piensa que la encarnación es un Dios que se hace carne de niño, que la redención se realiza en el aparente y estrepitoso fracaso de una cruz o que el gran prodigio de la Eucaristía gravita sobre un poco de pan y un poco de vino.

Tu santidad será más real cuanto más crezca hundida y escondida, como grano fecundo, en la tierra árida y dura de tu vida cotidiana.

Ahí estás llamado a impregnar todas las cosas, personas y circunstancias de una profunda visión de fe, capaz de atisbar en todo y en todos ese susurro de cielo que es Dios presente en tu vida.

Descubre y renueva el valor de ese pequeño día a día de tu vida que resultará tanto más extraordinario cuanto más sepas llenarlo de Dios".
Papa Francisco

21 abril 2014

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¿Cómo podríamos describir la dicha de un matrimonio contraído ante la Iglesia, confirmado por la oblación, sellado por la bendición, proclamado por los Ángeles y ratificado por el padre celestial? 
Tertuliano

20 abril 2014

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Feliz Pascua

Muchas veces he pensado yo que la gran pregunta que Cristo va a hacernos el día del juicio final es una que nadie se espera. «Cristianos —nos dirá—: «¿Qué habéis hecho de vuestro gozo?». Porque Jesús nos dejó su paz y su gozo como la mejor de las herencias: «Os doy mi gozo. Quiero que tengáis en vosotros mi propio gozo y que vuestro gozo sea completo», dice en el Evangelio de San Juan. «No temáis. Yo volveré a vosotros y vuestra tristeza se convertirá en gozo», dijo poco antes de su pasión. Y también: «Si me amáis, tendréis que alegraros». «Volveré a vosotros y vuestro corazón se regocijará y el gozo que entonces experimentéis nadie os lo podrá arrebatar». «Pedid y recibiréis y vuestro gozo será completo». 

¿Y qué hemos hecho nosotros de ese gozo del que Jesús nos hizo depositarios? Es curioso: la mayor parte de los cristianos ni siquiera se ha enterado de él. Son muchos los creyentes que parecen más dispuestos a acompañar a Jesús en sus dolores que en sus alegrías, en su dolor que en su resurrección. Pensad por ejemplo: durante las semanas de Cuaresma se celebran actos religiosos especiales, con penitencias, con oraciones. Pero, tras la resurrección, la Iglesia ha colocado una segunda cuaresma, los días que van desde la resurrección hasta la ascensión. ¿Y quién los celebra? ¿Quién al menos los recuerda? 

Impresiona pensar que en el Calvario tuvo Cristo al menos unos cuantos discípulos y mujeres que le acompañaban. Pero no había nadie cuando resucitó. Da la impresión de que la vida de Cristo hubiera concluido con la muerte, que no creyéramos en serio en la resurrección. Muchos cristianos parecen pensar —como dice Evely— que tras la cuaresma y la semana santa los cristianos ya nos hemos ganado unas buenas vacaciones espirituales. Y si nos dicen: «Cristo ha resucitado»; pensamos: qué bien. Ya descansa en los cielos. Lo hemos jubilado con una pensión por los servicios prestados. Ya no tenemos nada que hacer con Él. Necesitó que le acompañásemos en sus dolores. ¿Para qué vamos a acompañarle en sus alegrías? 

Y, sin embargo, lo esencial de los cristianos es ser testigos de la resurrección. ¿Lo somos? ¿O la gente nos ve como seres tristes y aburridos? ¿O piensa que los curas somos espantapájaros pregoneros de la muerte, del pecado y del infierno únicamente? Tendríamos que recordar que los cristianos somos ante todo eso: testigos de la resurrección, mensajeros del gozo. 
José Luis Martín Descalzo

16 abril 2014

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Cinco años en el camino


Hago un paréntesis en mi descanso en este blog, porque hoy es un día especial.  Siete en familia, cumple cinco años ,y creo que es un buen motivo para romper lo planeado. No es fácil encontrar blogs tanto tiempo activos. Gracias a Dios, yo me rodeo de buenos amigos que siguen en la brecha, aportando su grano de arena para compartir con los demás. Anteriormente he podido celebrar también sus cinco primeros años como blogueros, y espero festejar con otros que los cumplirán.

Cuando un compañero de camino emprende otra ruta, tengo la sensación de quedar huérfano, aunque sean muchos otros los que me acompañan. Se me hace un nudo en el estómago ,y la tristeza fácilmente se instala en mi persona. Entiendo mejor el pesimismo de los discípulos de Emaús.

Varios amigos, a los que me siento muy, muy unido, han cerrado sus blogs. Su decisión no corresponde a un capricho pasajero. Aún con las explicaciones dadas, no puedo evitar echar en falta su presencia, y hecho muchísimo de menos, a quien me enseñó todo esto del mundo bloguero : Mi amigo Arcendo, que tanto me alentaba a seguir cuando ya no quería hacerlo. Su partida hacia el Padre, ha dejado un hueco enorme en la blogosfera. Por eso mi brindis en este cumpleaños es para él.

No es fácil. Todos los que mantenemos un blog, lo sabemos; todavía no he conocido a nadie, que no le haya asaltado la tentación de abandonar, aunque sea temporalmente. Vivimos muchos días de nuestra vida, en un mundo de arena donde las dunas nos impiden caminar , y continuamente hay que decirle al Señor: “Dame de esa agua” . Las tentaciones asaltaron a Jesús, precisamente en el desierto,y allí las venció.

Desde que entré en este espacio, tan sorprendente del mundo de los blogs, páginas y páginas, han conseguido que me convenza, de que los hay muy buenos. Muchos implicados en la defensa del hombre, como ser creado por Dios, merecedor de toda dignidad desde el momento de su concepción hasta la muerte. Numerosas aportaciones al servicio de los demás. Testimonios de sencillez y de heroicidad que hacen imposible, contener las lágrimas y elevar una acción de gracias a Dios por ello. Todo el conjunto, no ha hecho más que animarme a volcar en mi bitácora, mis logros y mis caídas; mis gozos y mis cansancios, a veces rozando la imprudencia, pero … ¡Dios sabe más! ¡Lo sabe todo!

Cuando abro la página de un blog, la observo, la miro, estoy atento a todos los detalles,desde el título del post, hasta la última publicación en su sidebar .Conozco el esfuerzo y dedicación que hay detrás de ella, acompañada de las mismas preguntas que yo me formulo: ”¿Qué puedo ofrecer a los otros? ¿Qué podrá ayudarles? ¿Qué les gustará? ¿No es amar de lo que se trata? ¿Y no está el amor, en los pequeños detalles?"…

¡Menudo trabajo! Pensar lo que se quiere escribir, plasmarlo, corregirlo, buscar imágenes que también interpelen, y refuercen lo expresado. Elegir un diseño atractivo, que lleve el sello de nuestra personalidad. Creo que la mayoría somos conscientes, de todo ese montaje y del esfuerzo generoso que conlleva.

Pero en mi caso, no siempre advierto el detalle ofrecido , no siempre estoy atento, y reconozco mi ingratitud cuando días después lo descubro. El amor, pide hilar muy fino, y en ocasiones no existe la disposición a hacerlo. El tiempo, nuestra vida ordinaria, con sus luces y sombras, no se alían con nuestra disponibilidad. Es cierto, que no siempre estamos en las mejores condiciones, para detenernos y corresponder como se merece, a quien ha preparado una página para los demás.

Sería fantástico, realizar un pequeño esfuerzo, en prestar atención a cada bitácora con la que nos topamos, más aún, con aquellas que descubrimos por primera vez. La caridad, debe ser el presente que ofrezcamos, al entrar en cada casa bloguera. Cada uno merece nuestra atención, después, la libertad de elegir. Misión imposible visitar a todos los que escriben, por eso cada uno, ha creado una selección con los que se siente más identificado, o atraído por la temática, o por simple empatía con el autor.

Mi petición de hoy, es una invitación, a prestar más atención a los blogs que visitamos. Si se nos ofrece un enlace, pues enlacemos si coincide con nuestra línea, si se nos propone un video, visualicémoslo; si se nos pregunta, contestemos. Y si hace tiempo que no le saludamos, practiquemos la cortesía de dejar al menos un gesto cordial. Me parece un buen propósito para estos días de Semana Santa. Una palabra de aliento, valorar su trabajo, reconocer que su blog vale la pena y es necesario en la red… He comprobado personalmente, que alguien lo ha retomado tras meses sin escribir, simplemente porque se pasa a dedicarle unas palabras.

Los blogs cristianos son algo más que un chat, o el compartir de una red social. Hay personas detrás de ellos , buscando avanzar, en su camino hacia el amor a Dios, compartiendo en ocasiones, lo que no se atreven a plasmar en otro sitio. Dando un testimonio de fe, que pertenece a lo más íntimo de su alma y que ofrece sin reservas a los demás.

¡Vaya no he logrado ser breve! lo lamento. Gracias a todos por el esfuerzo, tiempo y cariño que ponéis en vuestros blogs. Gracias a todos los que contribuis a mantenerlos, con vuestra lectura y aportando comentarios.Gracias a todos por el cariño que siempre me habéis manifestado; y por encima de todo, ¡Gracias a Dios por estos cinco años! 

10 abril 2014

13

Amar, escuchar, perdonar, ver, tropezar.. .¡Aprender!


Mañana empiezan las vacaciones escolares, así que me permito también, un descanso en el blog. Os dejo con un texto que me ha hecho bien encontrar, leer e interiorizar. Deseo que también sea de provecho para vosotros.

Estoy aprendiendo... Estoy aprendiendo a aceptar las personas, aunque cuando ellas me decepcionan,cuando huyen del ideal que tengo para ellas,cuando me hieren con palabras ásperas o acciones impensadas.

Es difícil aceptar las personas como ellas son, sin que sean como deseamos que ellas sean, es difícil, muy difícil , pero estoy aprendiendo.

Estoy aprendiendo a amar. Estoy aprendiendo a escuchar, escuchar con los ojos y oídos, a escuchar con el alma y con todos los sentidos.

Escuchar lo que dice el corazón, lo que dicen los hombros caídos, los ojos, las manos inquietas. Escuchar el mensaje que se esconde por entre las palabras vanas, superficiales;

Descubrir la angustia disfrazada, la inseguridad mascarada, la soledad encubierta. Penetrar la sonrisa fingida, la alegría simulada, la vanagloria exagerada. Descubrir el dolor de cada corazón.

Poco a poco, estoy aprendiendo a amar. Estoy aprendiendo a perdonar, pues el amor perdona, quita los rencores, y cura las heridas que la incomprensión e insensibilidad lo lastimaron.

El amor no alimenta resentimientos con pensamientos dolorosos. No cultiva ofensas con lástimas y auto conmiseración. El amor perdona, olvida, extingue todos los resquicios de dolor en el corazón.

Poco a poco, estoy aprendiendo a perdonar, estoy aprendiendo a descubrir el valor que se encuentra dentro de cada vida, de todas las vidas, valor soterrado por el rechazo, por la falta de comprensión, cariño y aceptación, por las experiencias desagradables vividas a lo largo de los años.

Estoy aprendiendo a ver en las personas su alma y las posibilidades que Dios les dio. Estoy aprendiendo,¡Pero como es lento el aprendizaje!,¡Como es difícil amar, amar como Cristo amó!

Todavía, tropezando, errando, estoy aprendiendo... Aprendiendo a no ver solamente ...mis propios dolores, mis intereses, mi ambición, mi orgullo, cuando estos impiden el bienestar.

Y la felicidad de alguien.¡Como es difícil amar, pero estoy aprendiendo!!.

07 abril 2014

10

Una vez más, se trata de amar


Todos hemos experimentado alguna vez, la  amonestación que alguien nos ha hecho a un acto, palabra o razonamiento ejecutado. El evangelio nos invita a tener este acto de caridad cuando somos conscientes de la necesidad de corrección.

Sí, es un acto de amor el poder ayudar a reparar equivocaciones, que la vanidad, orgullo y soberbia,  no dejan reconocer. Caminamos frecuentemente, con la certeza de poseer siempre la verdad, el conocimiento real de las cosas, y nos olvidamos de la percepción  que otros tienen de nuestros actos, que a veces, pueden progresar hacia el error.

Pero hay que tener presente, que para  corregir hay que aprender a ser corregido, y nuestra experiencia constata, que no es fácil. Para  aceptar con serenidad la censura , es necesario un valor especial , una renuncia al yo en grado heroico, una actitud de apertura que pocos están dispuestos a practicar.

Pretender corregir a quien no tiene las mismas ideas, donde las afinidades son escasas, o los razonamientos distan de los nuestros, puede convertirse también, en una intromisión a su libertad. Toda presión, reiteración o tozudez para querer convencer a otro de lo que es mejor para él , puede transformarse en una manipulación para salirnos con nuestro interés.

Opino, que antes de hacer comprender al prójimo su desacierto, hay que demostrarle y convencerle de que es amado. De que de verdad se busca su bien.  La paciencia, la caridad, la misericordia, la sensibilidad, son las luces necesarias a través de las cuales uno puede distinguir su error. Para llamar la atención al que yerra, además de la caridad, es necesaria la sencillez. Humildad ante cualquier muestra de superioridad que pueda asomar. El que es corregido debe comprender que quien lo amonesta, está en el mismo nivel para tener desaciertos. No es lo mismo decir: “Mira lo que has hecho” que “Mira lo que somos capaces de hacer”.

Llevo años, siendo testigo de uno de los males con los que el siglo actual  se está definiendo. La parlería y el griterío. Corregir y aceptar la corrección, exige un continuo compromiso de escucha y  mansedumbre por ambas partes.

Nos convertimos fácilmente en  predicadores implacables y moralistas insoportables hablando sobre el evangelio y su práctica. Lo usamos a conveniencia. Tenemos la cita apropiada para ofrecer a los demás, pero nos molesta y rechazamos, cuando nos toca recibirla. Y  muchas correcciones, que vienen envueltas, en el consejo amistoso,  en el amor fraternal ,son recibidas y despedidas de inmediato con enojo, obstinación  y desagrado, rompiendo los lazos de afecto que  unen.

Nuestra enseñanza debe ir acompañada de un sincero sentimiento de amor al prójimo. Tenemos que examinar, si nuestra advertencia, fue un acto de servicio al otro, o hemos buscado una satisfacción personal, que alimente nuestra vanidad.  El "Te lo había dicho. ¡Ya te lo había advertido! Peor para ti, si no me has hecho caso", delatará ,la verdadera intención de nuestra propuesta de rectificación.


“El hombre bueno se alegra de ser corregido; el malvado soporta con impaciencia al consejero”
 (Séneca, De ira, 3, 36, 4)

03 abril 2014

9

Todavía estoy en shock


Seguramente habréis visionado el testimonio e Joanne Milne, que la semana pasada apareció por las redes sociales y medios de comunicación. En ellos se mostraba como algo extraordinario,las lágrimas que Joanne no puede contener al poder oír por primera vez. Ella nació con el Síndrome de Usher y fue perdiendo vista poco a poco hasta quedar practicmente ciega.

Hace un mes fue intervenida para colocarle unos implantes y el resultado podemos verlo en el vídeo que acompaño. Sus palabras mezcladas con lágrimas fueron : "Ha sido la experiencia más emocional y abrumadora de mi vida. Todavía estoy en shock""No puedo dejar de llorar esto me va a cambiar la vida".

¡Dios mío! yo tampoco pude evitar conmoverme, con lo que mis ojos veían. Y no pude eludir la fuerza con la que me sentí interpelado. Tomé conciencia del valor de cada parte de mi cuerpo; desde la punta del dedo meñique del pie, hasta el último cabello del que Dios está pendiente de que se caiga. Me sentí invadido por un sentimiento de ingratitud hacia el Creador por tantos días, meses, años, sin agradecerle el sonido escuchado, el color distinguido, la caricia recibida,el aroma percibido,el sabor experimentado... 

¿Qué ha sido lo excepcional , lo impactante para que un acontecimiento apareciera como noticia universal? Que una mujer se emocionara ante la primera vez que puede escuchar el sonido. Esa es la primicia, eso es lo que asombra, cuando debería ser lo habitual. Que cruel es la rutina, impidiendo conmovernos, antes las maravillas que a diario se presentan en nuestra jornada.

¡Dios mio, que facilidad para transformar  tus dones! Lo extraordinario, cómodamente se va degradando, convirtiéndose muy pronto en común y repetitivo, en ingratitud y queja, acabando muchas veces en exigencia y obligación! Regalos inapreciados, que aún esperan ser abiertos y sorprender. Esa es la percepción que Joanne Milne, me ha dejado.

¿Cuándo y cuánto  hemos agradecido a Dios, poder gozar de nuestros sentidos, que nos permiten percibir lo que está a nuestro alrededor?

"Dad gracias, continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo" Ef.5.20


31 marzo 2014

10

Lo que quieras


"Padre,me pongo en tus manos
 haz de mí lo que quieras;
sea lo que sea,te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo,lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí 
y en todas sus criaturas,no deseo nada más, Padre".
 Charles de Foucauld

Si somos capaces de afirmar esto con el corazón, entonces empezamos a dejar que Dios trabaje en nosotros, y comienza el gran diseño de Amor en el alma. Un plan que se inicia con una gran purificación , donde realmente se convierte en arcilla en manos del Alfarero.

Desaparecen las experiencias sensibles de la fe . Parece que personas y hechos nos dan la espalda. La vida de oración se torna árida, apareciendo una angustia que se hace insoportable, Asoma la duda de creerse abandonado de Dios, a quien no se deja de amar y desear ni tan solo un instante. No te crees escuchado, llega la desesperanza, te sientes solo ante el Sagrario, es entonces cuando la oración se vuelve más pura.

Resulta difícil comprender lo que es el abandono total en las manos del Señor. El mío, necesita renovarse a menudo porque dura muy poquito. ¡Comienza nuestra subida, no retrocedamos ! No volvamos a aquellas cosas a las que renunciamos por su amor.

"Cuando se ofreció ante mis ojos el horizonte de la perfección, comprendí que para ser santa había que sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto y olvidarse de sí misma. Comprendí que en la perfección había muchos grados, y que cada alma era libre de responder a las invitaciones del Señor y de hacer poco o mucho por él, en una palabra, de escoger entre los sacrificios que él nos pide. Entonces, como en los días de mi niñez, exclamé: "Dios mío, yo lo escojo todo. No quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti, sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad. Tómala, ¡pues yo escojo todo lo que tú quieres...!" (Santa Teresa de Lisieux)

29 marzo 2014

8

Dia de cine


Para los amantes del suspense, recomiendo una gran película estrenada en España en octubre de año pasado. Se trata de Prisioneros. Tenso y brillante Thriller sobre la situación angustiosa de un padre tras el secuestro de su hija. 


Sinopsis
Keller Dover se enfrenta a la peor pesadilla de un padre: Anna, su hija de seis años, ha desaparecido, junto a su amiga Joy, y a medida que los minutos se convierten en horas, le va invadiendo el pánico. La única pista es una destartalada autocaravana que estuvo aparcada anteriormente en su calle. Encabeza la investigación el detective Loki, quien detiene a su conductor, Alex Jones, pero la falta de pruebas lo obliga a devolverle la libertad. Aunque la policía sigue múltiples pistas, la presión va en aumento al saber que la vida de su hija está en juego. El desesperado Dover decide que no tiene más remedio que ocuparse personalmente del asunto, pero ¿hasta dónde está dispuesto a llegar este padre desesperado para proteger a su familia? 


El guion de Aaron Guzikowski (“Contraband”) perfila al detalle las muchas aristas dramáticas de los dos protagonistas —no tanto, las de los demás personajes—, al tiempo que, a través de numerosos giros inesperados, desarrolla una intriga de intensidad creciente, reforzada por una lúcida inmersión en la paternidad y la maternidad heridas, la tentación individualista de salirse del sistema y tomarse la justicia por su mano, y los singulares abismos de la locura y la maldad humanas. Más equívoca resulta la visión de la religión que presenta el filme, aparentemente crítica en su planteamiento y desarrollo —en cuanto el protagonista deja de vivir la caridad cristiana en que cree, y en toda la confusa subtrama del sacerdote—, pero elogiosa en su desenlace, como fuente de arrepentimiento y asidero ante la desesperación. 


La famosa frase “el fin no justifica los medios”, tan manida, tan usada a la ligera, tan equivocadamente dogmatizada, cobra sentido para el debate. ¿Qué fin? ¿Qué medios? No es tan sencillo, precisa de matices. Keller actúa de manera emocional, pero no exclusivamente así. Es decir, no solamente puede afirmarse que el ineludible examen de conciencia llegará, sino que ya ha llegado. Como muestra, el momento en que, rezando el Padrenuestro, es incapaz de pasar del fragmento “perdona nuestras ofensas” porque aún no puede cumplir las difíciles palabras siguientes. La acción necesita meditación, más de la por Keller empleada. Aun así, juzgarlo se presume demasiado difícil sin haber pasado por lo mismo.


Según lo anterior, la trama plantea más que aquello en lo que acierta a definirse, muy probablemente como puro reflejo de lo que, sin duda, se vive en una situación tan dramática: la angustia extrema y un torbellino indescriptible de emociones, donde decantarse por la razón frente al corazón es la prueba más dura. De todo esto se puede concluir que la película acierta más en el retrato del dolor que como manual operativo de las buenas maneras, probablemente porque no lo pretende. Ésa es ya labor del espectador: prevención, entrega, sacrificio, esperanza, sensatez y justicia, con el amor como origen, motor y destino.


A pesar de algún innecesario cabo suelto —como el cura que se toma la justicia por su mano, un cabo suelto en cuanto a la condición sacerdotal, más que a la concreta relación con la historia, absolutamente clara— y algún que otro tópico, “Prisioneros” destaca por su tensión de principio a fin, con un gran pulso narrativo y que se ve con una inevitable sensación de incomodidad, la propia de su temática.
Fuente : Cinemanet

 

Año: 2013 País: EE.UU.
Duración : 153 min 
Dirección: Denis Villeneuve
Intérpretes: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Paul Dano, Maria Bello, Terrence Howard, Viola Davis, 
Guión: Aaron Guzikowski 
Música: Jóhann Jóhannsson
Fotografía: Roger Deakins

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